I
Empecé por
cagarme en las esquinas, dulcemente. En los rincones soleados, sin previo
aviso. No pretendía que supusiera un ataque a los viandantes, aunque lo vi, no
pude evitarlo, eso les ensombrecía la vida. Todos se convertían en viejos. ¡qué
fácil la soberbia cuando se caga uno en una esquina, negra por un lado, soleada
por el otro!
Empecé por
masturbarme, sin avisar, como si fuera otro. De otro mi mano, otra mi carne. De
otro el pensamiento. Como dos o varios masturbándose en un cuerpo común,
propiedad pública inalcanzable excepto para mí, que soy todos los otros y no me
importa.
Porque no dejo que la vida se caiga, mientras no me mate. No por mi
mano, la que no se masturba.
¿y si he de
vivir, ha de ser contra eso, a su pesar? ¿y los agujeros negros? ¿Y las
galaxias? ¿y los viejos? ¿y las putas viejas? Las viejas, las putas viejas.
Todos como viejas cuchicheantes, cada vez más de negro, cada vez más el cuello
estirado, todo su ser tieso.
Sólo Alejandro me mira con envidia y me cansa con sus preguntas. Me
envidia siempre insatisfecho.
Putas
viejas todos, no me dejan mirarme a solas. Solo. No dejan de existir para que
no les afecte. ¿soy yo el culpable? ¡egoístas!
Mi
responsabilidad no puede ahora definirse, decantarse. Porque no puedo renunciar
a ella. NUNCA deja de existir. Es más grande que mi vida. Y los conflictos no
puedo resolverlos, cada vez todo más oscuro, porque es innoble dejar de
dejarme. Yo lo admito todo. Pero no me mato. NO por mi mano. Y no puedo dejar
de ser feliz. Sólo con palabras falsas puedo entristecerme. Porque estar vivo
es ser feliz. De mierda.
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